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Mientras tú y yo leemos esto, mientras tu teléfono te avisa que tienes nuevas notificaciones y los algoritmos aprenden de la información que les hemos proporcionado, se está gestando en la mente colectiva un nuevo fenómeno viral. ¿Quién será el protagonista? ¿Será una marca, será un producto, será un personaje, una mascota, un tiktoker?

Ikea no pudo prever el furor que causaría su chango Djungelskog en México. Para nosotros, Lupe. Sabritas nunca imaginó que Chester Cheetos iba a salir a pegarles buenos sustos a los niños y no tan niños, en momentos de terror que pueden leerse por todo Twitter. Y ahora que los nuevos empaquetados de productos-no-muy-saludables no permiten el uso de mascotas o personajes que llamen la atención de los más pequeños, ¿cómo pueden hacer las marcas para lograr posicionarse en la mente de las personas?  Y, si es por medio de un boom viral, ¿es posible crear lealtad después de la fama?

Tanto consumidores como empresas disfrutamos de estos lapsos virales, memes que se hacen clásicos en una semana, historias que llenan nuestro timeline de risas y sonrisas.

En el caso de Lupe, pronosticamos grandes ventas del mono de peluche, además de una calurosa recibida para la marca. En el caso de Chester Cheetos, bueno, es Chester Cheetos, no sabemos dónde pueda aparecer mañana.

La realidad es que no es posible calcular a priori el impacto de un meme en el marketing de un producto. Pero lo que sí podemos hacer es reaccionar de manera inmediata a lo que está sucediendo, entender el fenómeno e integrarlo a nuestra estrategia.